Sábado 15 de marzo de 2025 y sábado 29 de marzo de 2025.
Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús
LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN
El
Centro Diocesano de Orientación Familiar organiza un nuevo curso de Iniciación
al Acompañamiento y la Orientación Familiar, dirigido a todas aquellas personas
que se sientan llamadas a realizar un servicio de acompañamiento a familias que
pasan por dificultades y también a todos aquellos que por su servicio
pastoral (sacerdotes, catequistas, agentes de Cáritas, profesores, educadores,
…) quieran adquirir habilidades para su relación con las personas que tienen
problemas y dificultades.
PROGRAMA
1.- Introducción.
Espiritualidad de los COFs.
2.- Técnicas de entrevista
y “acuerdo de orientación”.
3.- Teoría de la
comunicación humana.
4.- Características del
Orientador Familiar.
5.- Funcionamiento de un
COF.
¿DÓNDE?
Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús
Calle Purísima Concepción, nº 18
11300 - LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (Cádiz)
¿CUÁNDO?
Sábado, 15 de marzo de 2025 de 10:00 a 14:30 h.
Sábado, 29 de marzo de 2025 de 10:00 a 14:30 h.
Después
de la realización de este curso habrá una formación permanente con
envío de documentación para todo aquel que la quiera recibir. Sin duda le
servirá de apoyo y ayuda para su acción pastoral con familias.
INSCRIPCIONES:
Para asistir al curso es necesario inscribirse en el siguiente FORMULARIO o enviando un
correo a cof@obispadocadizyceuta.es con
tus datos personales, o por mensaje WahtsApp al teléfono 676 03 78 32
COSTE DEL CURSO:
Este
curso es gratuito.
CERTIFICADO DE
ASISTENCIA:
Al
finalizar el curso se entregará un certificado de asistencia.
Los padres de Guillaume le amaban a él, "pero no se amaban entre sí" y se divorciaron.
Siendo joven, se aficionó al rock duro no solo tocándolo como género musical (“sigo siendo un fan”), sino como forma de vida. Se introdujo en un mundo “en el que faltan referencias: arrastra a muchos excesos”. Él carecía de toda convicción religiosa, pues, como ironiza en su testimonio a Découvrir Dieu, en ese entorno “las únicas relaciones que hay con la religión consisten en la edad de Jesucristo, 33 años”. ¿Por qué? Porque a esa edad tales excesos empiezan a pagarse y hay quien lo deja, pero también “hay quien puede suicidarse…”
Una joven distinta a las demás
Pero en su caso, antes de llegar a ese límite, “felizmente” conoció a una chica “que no era como las demás”. Empezaron a salir, y muy pronto ella le presentó a su familia, donde encontró un recibimiento que le sorprendió, pues temía que hubiera un choque: “Me acogieron con los brazos abiertos. Me quedé hiper-sorprendido, porque yo tenía el estilo hard rock: pelo largo y rapado por debajo, pantalones y cazadoras que no olían muy bien, camisetas satánicas que daban miedo…”
Guillaume descubrió otra cosa: esa familia era “algo más que una familia” por el hecho de convivir, se veía que “se amaban”. Eran una familia cristiana.
Pronto comprobó que tan buena acogida implicaba una contrapartida para él: “La chica me puso condiciones. Si queríamos ir más lejos, tendríamos que casarnos”.
“¡Ah, no, esto no me gusta! ¡No me lo esperaba!”, pensó él para sí. Evocó que en su familia había habido “demasiados divorcios” y todo había sido “demasiado complicado”: “Pero lo cierto es que la quería, así que decidí hacer un esfuerzo”, confiesa.
Construir sobre roca
Y, como en los viejos catecismos, la primera, en la frente: su novia acudía a grupos de oración y le invitó a ir. Guillaume hizo el esfuerzo prometido. Le resultó “extraña” la forma en la que rezaban, alzando las manos, algo característico de los grupos carismáticos, donde además la música es esencial en la oración: “El caso es que cantaban, y como a mí me gusta tocar la guitarra, les acompañaba. Me resultaba simpático”.
Luego, Guillaume fue ampliando su conocimiento de la Iglesia porque en ocasiones acompañaba a la joven cuando iba a la iglesia. “Fuimos continuando así nuestra preparación. Fue un tiempo muy intenso. Se aprende a descubrir al otro. El noviazgo supone una prueba, pero es muy importante. Algo me fue transformando".
También acudieron juntos a varios retiros, uno de ellos en una abadía, donde todo les fue “muy bien”. Los directores del encuentro fueron, eso sí, “muy directos” al hacerles reflexionar con realismo sobre lo que implica el matrimonio.
-¿Vas a soportar a este tipo? ¿Toda la vida? -les decían.
-Sí, sí -respondía Guillaume.
No se asustaba al irse introduciendo en un mundo hasta entonces desconocido para él. “Todo aquello me convencía”, continúa, “porque yo veía que queríamos construir algo sobre roca. Pero ¿sobre qué roca? Me dije que tenía que haber algo debajo”.
No tardaría en encontrarlo.
Jesús, "un Alguien"
“No recuerdo exactamente qué día fue. Había ido a la iglesia solo por acompañar a mi novia", recuerda: "Allí empecé a notar que había algo que me afectaba más de lo habitual. Pensé: ‘Realmente hay algo’. Abrí mi Biblia y empecé a leerla. Y al hacerlo se derrumbaron de repente muchos prejuicios. Descubrí a Dios, pero no solo a Dios, también a un Padre que nos ama y que me decía: ‘¡No temas!’ Eso me marcó enormemente. Aquel día se sembró una semilla que empezó a crecer”.
Algún tiempo después, Guillaume y su novia fueron al gran encuentro de jóvenes que cada verano organiza la comunidad del Emmanuel en Paray-le-Monial (Francia): “Tres mil jóvenes que se reúnen y rezan de rodillas… ¡Es impresionante! Tres mil personas, y ni un solo ruido… Entonces, recé. No sabía rezar mucho, pero muchas cosas pasaron por mi cabeza. Y en ese momento, no sé si fue un milagro -quizá sería demasiado, no me atrevo a decirlo-, pero… ¡conocí el rostro de Cristo! Sentí un calor, un amor… me puse a llorar de alegría al descubrirLe…"
Fue el nacimiento de un nuevo Guillaume: "Desde entonces, Jesús realmente se convirtió en Alguien para mí: alguien que está en mi corazón, en mi espíritu, en mi vida, a quien puedo hablar todos los días, a quien puedo confiar mis momentos más duros".
Esa era la "roca" sobre la que edificar su nueva vida, tan distinta a la que él había conocido en su hogar: "Me ayudó a construir mi familia, a creer en la familia. Hoy tengo una familia numerosa plena de amor. Y quiero compartir esa felicidad, que es una felicidad de Dios. Es la alegría de saber que no estamos solos en la tierra. De saber que es verdad que Dios es amor".
INICIACIÓN AL
ACOMPAÑAMIENTO Y LA ORIENTACIÓN FAMILIAR
El pasado sábado 23 de octubre finalizó en el Seminario diocesano la
primera edición del curso de Iniciación al Acompañamiento y la Orientación
Familiar, organizado por el Centro
Diocesano de Orientación Familiar.
Dirigido a sacerdotes, catequistas, agentes de
pastoral y de Cáritas, profesores, educadores, … han acudido participantes de
la zona de la Bahía de Cádiz: Conil, Chiclana, San Fernando y Cádiz. Algunos de
los asistentes están realizando también el Master
online en Coaching y Acompañamiento Familiar y Matrimonial de la
Universidad Católica de Ávila.
Las sesiones que comenzaron el 15 de octubre han abordado los temas básicos
para el trabajo con familias, padres e hijos. Comenzando con la fundamentación
espiritual de los COF, conscientes de ser un servicio eclesial para ser cauce de la misericordia de Dios.
También se ha analizado las habilidades más importantes como las técnicas de
entrevistas y el funcionamiento de la comunicación humana. Las últimas sesiones
trataron sobre las características del orientador familiar católico y el
funcionamiento de un COF, con vistas a la creación de nuevas sedes en las
diferentes localidades de la diócesis. Con este curso se abren posibilidades de
iniciar este servicio en algunas de las localidades del entorno de la Bahía.
Como continuación de este curso los participantes recibirán de forma
periódica una formación permanente con envío de documentación
que le servirá de apoyo y ayuda para su acción pastoral con familias.
Este mismo curso se va
a impartir, Dios mediante, en La Línea de la Concepción dirigido a todas las
personas que puedan estar interesadas del entorno del Campo de Gibraltar y de
Ceuta. Las fechas de realización son los viernes 5 y 12 de noviembre de 17:30 a
20:30 h. y los sábados 6 y 13 de noviembre de 10:00 a 13:00 h. en el salón de
Actos de la Parroquia de Santiago Apóstol (Calle Jardines, 65 (La Línea de la
Concepción).
Para asistir al curso
en La Línea de la Concepción es necesario inscribirse enviando un
correo a cof@obispadocadizyceuta.es
con sus datos personales o rellenando el siguiente formulario deINSCRIPCIÓN CURSO
Este curso no tiene coste alguno, pero se puede colaborar con una
aportación voluntaria. El donativo se podrá entregar durante la celebración del
curso o por medio de una transferencia a la cuenta: ES98 0182 1600 2402 0189
6560
El curso se realizará siguiendo las medidas de seguridad y de prevención
del Covid19, como el uso obligatorio de mascarilla, espacios con ventilación
adecuada, distancia de seguridad de 1,5 metros, …
El COF diocesano lleva desde 1998 atendiendo a las familias a través de sus
tres áreas de actuación: orientación, servicio a la vida y formación. En la
actualidad cuenta con tres sedes, dos en Cádiz capital y una en La Línea de la
Concepción. Uno de los objetivos es acercar los servicios del COF a diferentes
localidades de la diócesis para llegar a más familias que necesiten esta acción
pastoral. Para abrir nuevas sedes el COF precisa de personas que, sintiéndose
llamadas a realizar este servicio, ofrezcan parte de su tiempo para ello.
La gran mayoría de los matrimonios que acuden a consulta aluden que uno de sus principales problemas es que no se comunican o que no saben comunicarse. ¿Qué quiere decir esto realmente? Porque las personas sabemos hablar y más o menos expresamos lo que pensamos. De hecho, es imposible no comunicar. Aunque no haya palabras, los gestos, las miradas, las acciones, los silencios... todo es comunicación. ¿Cuál es el verdadero problema?
La dificultad está en que cuando nos comunicamos aparece la diferencia y nos encontramos con este gran reto, donde es muy común que surjan muchas dificultades para gestionarlo. Cada miembro del matrimonio viene de una familia concreta y única y por tanto diferente a la del otro. Cada uno procedemos de una familia que tiene su cultura, sus costumbres, sus valores, su forma de funcionar, sus normas. Ponerlo en común y establecer conjuntamente las normas, en la familia que se ha creado, es tarea muy complicada. La realidad es que decir que pensamos diferente, es una forma políticamente correcta de expresar lo que realmente pensamos, que es que el otro está equivocado. Porque si pensara que es adecuado pensaría lo mismo que uno, y no es así. Y si el otro está equivocado y lo permito, se cometerá un error. Ante esta situación normalmente se dan dos posturas diferentes:
Ceder, para evitar el conflicto, pero pensando que se está cometiendo un error y no participando en ello. Me mantengo a un lado y no apoyo a mi mujer o marido.
Entrar en escalada. No paramos de discutir, intentando convencer al otro de mejores o peores formas. Entramos en una espiral donde el conflicto va aumentando y no tiene fin.
Hay una tercera vía. Descubrir la otra cara de la moneda. Por una cara somos diferentes, pero por la otra, somos complementarios. El gran reto que tiene el matrimonio es hacer un equipo fuerte, cimentado en la comunión y la complementariedad. Somos diferentes desde el inicio por ser hombre y mujer y precisamente en nuestra diferencia reside la capacidad de ser complementarios. Ver la diferencia como una oportunidad de crecer, de ver a través del otro lo que uno por su esencia y su historia no puede ver, y viceversa. Una de las claves está en la disposición que uno tiene frente al otro cuando se sientan a hablar. Escuchar con la intención de comprender al otro, aunque no esté de acuerdo. Descubrir y rescatar lo bueno que se puede recoger de la mirada del otro, en vez de escuchar con la intención de rebatir lo que el otro está diciendo. Descubrir que el otro no es tu enemigo, sino la persona que Dios ha elegido para ti y para tus hijos, por ser la más adecuada.
Una pediatra avisa: la disforia de género en niños se
está abordando sin base experimental fiable
La presión ideológica sobre los médicos está conduciendo a la aplicación
sobre menores inseguros de tratamientos con consecuencias a medio y largo plazo
sobre las que no hay aún estudios concluyentes.
En una época en la que gana cada vez mayor
terreno la denominada "medicina basada en la evidencia" o "basada en hechos", la disforia de género y su
tratamiento en niños y adolescentes parecer ser la excepción, según
afirma Monique Robles, pediatra formada en la Universidad y en el hospital infantil de Dallas
(Texas) y máster en Bioética por la University of Mary de Dakota del Norte, con
un trabajo final precisamente sobre esta problemática. En un reciente artículo en The
Public Discourse, la doctora Robles denuncia el mal abordaje
de este problema precisamente en los pacientes más vulnerables, niños y
adolescentes:
La gran mayoría de los matrimonios que
acuden a consulta aluden que uno de sus principales problemas es que no se
comunican o que no saben comunicarse. ¿Qué quiere decir esto
realmente? Porque las personas sabemos hablar y más o menos expresamos lo que
pensamos. De hecho, es imposible no comunicar. Aunque no haya palabras, los
gestos, las miradas, las acciones, los silencios... todo es comunicación. ¿Cuál
es el verdadero problema?
La dificultad está en que cuando nos
comunicamos aparece la diferencia y nos encontramos con este gran reto,
donde es muy común que surjan muchas dificultades para gestionarlo.
Cada miembro del matrimonio viene de una
familia concreta y única y por tanto diferente a la del otro. Cada uno procedemos de
una familia que tiene su cultura, sus costumbres, sus valores, su forma de
funcionar, sus normas. Ponerlo en común y establecer conjuntamente las normas,
en la familia que se ha creado, es tarea muy complicada.
La realidad es que decir que pensamos
diferente, es una forma políticamente correcta de expresar lo que realmente
pensamos, que es que el otro está equivocado. Porque si pensara que es adecuado
pensaría lo mismo que uno, y no es así. Y si el otro está equivocado y lo
permito, se cometerá un error.
Ante esta situación normalmente se
dan dos posturas diferentes:
·Ceder, para evitar el conflicto, pero pensando que se está cometiendo un
error y no participando en ello. Me mantengo a un lado y no apoyo a mi mujer o
marido.
·Entrar en escalada. No paramos de discutir, intentando convencer al otro de
mejores o peores formas. Entramos en una espiral donde el conflicto va
aumentando y no tiene fin.
Hay una tercera vía. Descubrir la
otra cara de la moneda. Por una cara somos diferentes, pero por la otra, somos
complementarios. El gran reto que tiene el matrimonio es hacer
un equipo fuerte, cimentado en la comunión y la complementariedad. Somos
diferentes desde el inicio por ser hombre y mujer y precisamente en nuestra
diferencia reside la capacidad de ser complementarios.
Ver la diferencia como una oportunidad de
crecer, de ver a través del otro lo que uno por su esencia y su historia no
puede ver, y viceversa.
Una de las claves está en la disposición
que uno tiene frente al otro cuando se sientan a hablar. Escuchar con la
intención de comprender al otro, aunque no esté de acuerdo. Descubrir y
rescatar lo bueno que se puede recoger de la mirada del otro, en vez de
escuchar con la intención de rebatir lo que el otro está diciendo.
Descubrir que el otro no es tu
enemigo, sino la persona que Dios ha elegido para ti y para tus hijos, por ser
la más adecuada.